Yoga y calidad de vida. Un camino de autosanación y realización del Ser

El yoga es una ciencia milenaria, la cual, según se dice en las antiguas escrituras y en la tradición, fue comunicada por Dios a los antiguos sabios. Ese conocimiento sagrado fue transmitido  verbalmente de Maestro a discípulo, preservando así su carácter sagrado. Krishna, al ser la manifestación física de Dios en el plano físico, ha sido considerado y venerado como el Primer Yogui. Con el tiempo, estas enseñanzas fueron incorporadas en los textos sagrados de los Indúes. A nuestros días, ese conocimiento ha llegado a occidente a través de buscadores espirituales sinceros que han venido a la India en busca de esas enseñanzas. Y así,  se nos ha legado, a los practicantes sinceros, ese conocimiento para servicio y transformación de la humanidad.

Yoga y calidad de vida

Cuando no hemos tenido ninguna experiencia previa con la práctica de yoga, y damos inicio a ella, entendemos que la ciencia de yoga es más trascendente que su mera práctica física. En occidente, por parte de algunos practicantes, se ha entendido la necesidad de ir más allá de la práctica física, y sin dejarla a un lado, han decidido explorar y estudiar la profundidad de la ciencia del yoga.

En términos generales, de acuerdo con Sri K. Pattabhi Jois, en su obra Yoga Mala, el yoga se puede entender conceptualmente como un camino: el camino por el cual la mente se establece en el Ser, esto es, el camino hacia la autorrealización del Ser.

Ahora bien, si entendemos la práctica de yoga como “El Camino”, empezamos a intuir su profundidad y a trascender la práctica superficial que ocurre a menudo en occidente. Desde el punto de vista filosófico, y para ser muy breve, éste camino, de acuerdo con las antiguas escrituras contenidas en Los Upanishad y en los Yoga Sutras de Patanjali, está constituido por ocho partes, las cuales se entrelazan entre sí, como se entrelaza el mala. Dichas partes son: Yama, Niyama, Asana, Pranayama, Pratyahara, Dharana, Dhyana, y Samadhi. Debido a la extensión limitada del presente documento, y a que éstas partes son explicadas con mayor detalle durante el curso de 200 horas, no nos detendremos a exponerlas. Ello será objeto de otro documento. Dentro de esas ocho partes, en occidente se ha extendido mucho la práctica de Asana y Pranayama, pero se han descuidado las demás partes. No obstante lo dicho, continuando con el propósito de este documento, es necesario que nos detengamos brevemente en la importancia de las dos, y cómo estás nos abren la puerta de entrada hacia la meditación y, por medio de ésta, a estados de conciencia más profundos y anclados en el presente.

Las Asanas, desde la lectura de los Yoga Sutras de Patanjali, son entendidas como posturas cómodas y estables, y se realizan en la práctica común de determinadas series en Hata Yoga y Ashtanga Yoga. Determinadas series de posturas, autosostenidas y alineadas apropiadamente durante algunos minutos y acompañadas de una respiración controlada apropiadamente, nos permiten fortalecer las articulaciones, los tendones, mejorar la flexibilidad, tonificar los músculos, estimular y masajear nuestro órganos internos, aperturar determinadas zonas del cuerpo donde el oxígeno puede circular más fácilmente, optimizar la circulación sanguínea, estimular los diversos sistemas del organismo, tales como el digestivo, el nervioso, el linfático, el endocrino y el respiratorio, entre otros. En este punto es necesario señalar que el cerebro también empieza  a generar nuevas conexiones neuronales, por lo cual la inteligencia abstracta y la mente intuitiva se estimulan, así como la percepción; e igualmente, debe decirse, mediante ciertas posturas determinadas glándulas son estimuladas, lo cual nos permite fortalecer no solo nuestra capacidad de autosanación, sino también estados físicos de bienestar, rejuvenecimiento y armonía con nosotros mismos y el ambiente que nos rodea. De esa forma, logramos incrementar nuestra calidad de vida, al mejorar, en términos generales, nuestros estados psicológicos y emocionales.

Yoga y calidad de vida

Sin embargo, a pesar de los incontables efectos físicos tan sólo mencionados, éstos quedan incompletos sino incluimos dentro de nuestra práctica los Pranayamas y la meditación. Con la práctica de los Asanas logramos calmar y enfocar  nuestra mente. Con los pranayamas logramos a través de la respiración profundizar esa calma y enfoque interior, lo cual nos abre la puerta de entrada a una meditación más profunda y consciente.

De acuerdo con la obra Asana, Pranayamas, Mudhra, Bandha de Swami Satyananda Saraswati, la palabra Pranayamas está compuesta de dos raíces: prana, que significa energía vital o fuerza de la vida; y ayama se refiere a extensión o expansión; por lo tanto Pranayama significa extensión o expansión del prana. Es importante recordar que el prana es esa fuerza que se encuentra en el aire y en todos los seres animados e inanimados, y es más sutil que el oxígeno. Por lo tanto, de acuerdo con el autor, las técnicas de pranayama proveen el método por el cual la fuerza de la vida puede ser activada y regulada con el propósito de ir más allá de las fronteras o limitaciones de nuestra mente y cuerpo, y lograr estados superiores de energía vibratoria y consciencia.

En el Pranayama, según se menciona por parte  de ese pensador, hay cuatro aspectos relacionados con la respiración que se deben tener en cuenta, esto es, inhalación, exhalación, retención interna de la respiración y retención externa de la respiración. En los principiantes, la inhalación y la exhalación permiten fortalecer los pulmones y el balance de los sistemas nervioso y pránico. Estas prácticas iniciales influencian el flujo de prana en los canales energéticos del cuerpo, purificándolos, regulándolos y activándolos; y de esa forma, induciendo estados de estabilidad física y mental.

Como conclusión, y para finalizar, podemos observar que la puerta de entrada a una mejor salud física, psicológica y emocional empieza con el autocuidado del cuerpo y la práctica del yoga, tanto en su dimensión física, como desde su dimensión moral y filosófica, lo cual nos obliga a identificar y determinar con exactitud nuestro propósito de la práctica, esto es, si como estudiantes superficiales buscamos meras experiencias transitorias, o si, por el contrario, como practicantes comprometidos y devotos del camino del yoga, el propósito que nos orienta e impulsa es la autorrealización de nuestro Ser.