Yoga y Meditación, Encontrando tu esencia en el silencio

Como cada día por la mañana, me dirijo al salón donde meditaré por los próximos minutos. Mientras me acerco, siento el suave aroma de los inciensos que proviene desde la puerta entreabierta, invitando a mis sentidos a descansar. Entro al salón y camino entre la luz tuene y el humo blanco, encuentro mi espacio y me siento entre cojines. Este será el inmóvil escenario donde navegaré hacia las profundidades de mi interior.

Mi meditación comienza con anapana sati, concentración en la respiración. Como lo indica la sexta rama o elemento del Yoga de acuerdo a Patanjali, no hay samadhi o iluminación sin concentración (dharana). Ser capaces de concentrarnos en un solo punto, objeto o idea, de forma sostenida, es escencial para cultivar una mente en armonía. De ahí que Patanjali defina Yoga, en el segundo sutra de su codificación, como citta vrtti nirodah, lo que significa “calmar las fluctuaciones de la mente”.

Comienzo con dificultades, puedo ver cientos de pensamientos aparecer y desaparecer, los que incluyen qué voy a desayunar, qué soñé ayer, cuándo el ser humano habitará Marte, qué palabras riman con “mazapán”, qué será del devenir político de mi país y si será verdad que las cucarachas resisten los rayos X. Con el pasar de los minutos y mientras me concentro, logro fijar mi atención en mi respiración. Repentinamente, comienzo a sentir un gran placer en esta sensación de espacio en mi mente, así como en el suave roce y los cambios de temperatura del aire entrando y saliendo por mis fosas nasales. 

Luego de un tiempo, suena el gong que invita a terminar la meditación. Un sonido agradable que me lleva a abrir lentamente mis ojos. Veo mi entorno de forma diferente, con colores y aromas más vívidos. Mi relación con los sentidos y mi entorno es ahora inmediata, ya no la median palabras. Después de un tiempo, de forma espontánea y sin siquiera pensar en ello, sé lo que quiero para desayunar; veo claras las imágenes de mis sueños de anoche; sospecho que si bien es interesante, es irrelevante para mi experiencia inmediata cuándo se colonizará Marte; siento miles de palabras que riman con “mazapán”, aunque no gasto energía en nombrarlas; me conecto con mi postura política y entendiendo cómo la historia ha modelado mi visión así como la de aquellos que piensan distinto a mí; y siento gran empatía y admiración por las cucarachas.

¿Cómo la combinación de Yoga y Ayurveda

Desde que nacemos, nuestra mente se nutre de experiencias. Estas experiencias, placenteras y desagradables, dejan huellas (sankhāras) que dan forma a nuestra manera de ser y de pensar. Estos sankhāras son la base de nuestros hábitos, tanto buenos como malos. Algunos de estos hábitos nos llevan a estados de alegría, pero otros, definen tendencias de estrés, ansiedad, violencia, subestimación de otros y de nosotros mismos, etc. A través del viaje meditativo, aprendemos a reconocer estos hábitos y su naturaleza, y con el tiempo, comenzamos a construir una mente más saludable y acorde a nuestra forma más plena y genuina. Por eso, el viaje al silencio es una invitación a encontrar nuestra propia voz.